13
Sep
09

After sun

Por lo pronto esos mapas de isobaras y las borrascas, esas operaciones especiales de tráfico para los miles de desplazamientos de regreso de las palmeras y la terraza, y la triste y caprichosa condición de hormigas en fila de vuelta a sembrar y recolectar para el invierno. Autopista al infierno del que procedes, lo siento: el mar te estará esperando durante los próximos meses y aquí, mientras tanto, la humedad te la servirá, goteante, lastimosa, el roto de algún ventilador de aire acondicionado en la fachada. Y de repente otoño y los poetas. Y septiembre y octubre, eso es lo que pasa, sin que nadie nos acostumbre a que van en serio, sin clara ni tinto, por mucho que escriban, por mucho que empiece la liga y nos clasifiquemos para el Mundial. Tenemos los versos y las fotos, el hígado machacado de fiestas y los labios envenenados de labios de esquivas amantes de verano, tenemos un montón de contagiados de gripe A que han hecho caso omiso al Apocalipsis de la Pandemia de la Deshumanización —que las parejas se besen con mascarilla, que condescendamos a la no-vida, que nos vacunemos contra el cariño, gritaban en el telediario—. Tenemos, de todas formas, Tamiflu… Y sin embargo… Qué es esto de los exámenes, qué es esto de las chaquetas, quién me va a acompañar a ver amanecer, qué barco asaltaremos, ahora, en medio de este follón de cables; qué silueta en qué arrecife, qué arena me arañará la espalda, dónde el levante y el lebeche, dónde la chica leyendo recostada en la toalla, los adolescentes sin dejar de tocarse, dónde…

Supongo que habrá que merecerlo, como todo. Supongo que somos penitentes en otoño y en invierno para purgarnos con la primavera y ganarnos, al fin, el descubrimiento de una cala llena de piedras en el paraíso.

22
Jun
09

Despertando a la vida

16
Jun
09

Expiación

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… Te largaste del callejón que no te dejaba ver las estrellas y yo me quedé escribiendo regalos a nadie. Me sorprendí un día medio despierto tras la pesadilla que me recordó cuánto perdí y cuánto olvidé en el tiempo de luto de tus fotografías, en el velorio donde lloré por la muerte de tus saludos en nuestras citas, en el río al que fui a lanzar el puñal con el que te asesiné. Y tras el puñal y el río y las fotografías y las pesadillas vinieron los cuervos a posarse en el alféizar de mi ventana como el presagio de mil noches de insomnio. Un día viniste a visitarme…

Yo: Eres tú? No veo nada, está muy oscuro
Tú: Parece que no esperabas volver a verme. A mí también me resulta extraño, no sé cómo he llegado aquí, hace mucho que me requisaron el reloj y la brújula
Yo: Te maté, lo recuerdo bien, y ahora purgo la pena arrastrando un alma estúpida por las aceras. No merecíamos volver a vernos, ni volver a asestarnos la culpabilidad. Ni merecemos volver a llorarnos
Tú: Llorar… Muy propio de los vivos
Yo: Y recordar, parece. Desde que te fuiste no he tenido ‘ahora’, no he tenido ‘ya’, ni distingo la pesadilla de la duermevela. De hecho no creo que estés aquí. No eres real, ahora lo entiendo. Te estoy imaginando
Tú: Que me estés imaginando no significa que no sea real
Yo: Pues ojalá no lo fuera, ni las lágrimas de ahora ni las de antes. Pero sí es real, tanto que podría tocarte cuando quisiera, cuando me lo propusiera. Es tan real que te veo por todas partes, de una manera egoísta, como si quisiera ser el único sobre la faz de la Tierra que te echara de menos. También es egoísta hablar con los muertos y molestar la memoria de lo que representamos tú y yo antes, cuando vivías. Será mejor que te vayas
Tú: Por qué lo hiciste? En qué madrugada en qué amanecer? Después de qué beso de qué hostal? De qué estación de qué aeropuerto? En qué momento puede alguien jugar a ser un tirano, a someter a dos cuerpos a un entierro en vida? Cuándo los años no son suficientes? Cuándo se pierden los despertares con sabor a bosque? Cuándo de lo insignificante deja de brotar la complicidad? Cuándo?
Yo: La noche antes de aquella noche.

Soñé que estaba al pie de una enredadera y tú estabas a lo alto, al otro lado, esperándome. Me encaramaba a las raíces, a las hojas, y trepaba
A mitad de camino brotaban espinas afiladas de los tallos, de las ramas, fuego y rocas y hielo cortante un poco después
Me desgarraba me quemaba pero seguía subiendo, con las fuerzas que me quedaban, con tu mirada preocupada que me vigilaba, crispada. Me resquebrajaba un brazo, una pierna, un ojo, pero seguía subiendo porque tú me esperabas, porque simplemente estabas, eras
Mi sangre y mi sudor. Mis extremidades. Mi vida. Tú me esperabas y tenía que llegar a tu lado, pese a la vista, las orejas, el tobillo, los labios, los dedos, la comisura de los labios…

Tú: Llegabas?
Yo: Sí

Ya no me querías

24
Abr
09

(Por lo visto)

Sin musa no hay canto

09
Mar
09

Vida

Alternativa a este vivir, de este tío que es como un hermano para mí ;)

28
Feb
09

Mañana

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Siéntelo. Escucha cómo se te va el invierno por las rendijas de los alcantarillados y clarea por tu persiana la luz que se lleva las trampas. Porque febrero se larga de una vez para siempre preñando de soles el cabello de las señoras. Febrero se larga de una vez para siempre con su san Valentín fraudulento y las ojeras de los exámenes sin dormir y te deja bajo la almohada un poco de nata y un puñado de fresas. Febrero se irá, acabando con las guerras del gas, trayéndonos peleas amistosas en los aspersores del parque con las primeras camisetas de manga corta y nudillos sanos después de las grietas del invierno, después de la helada. Florecerán margaritas allí donde antes la nevada acalló el almendro. Él le robará las llaves del coche a papá y ella mentirá en casa para que los dos escapen a probar la arena de la playa semidesierta antes que nadie, antes de la sombrilla y la crema. Y correrá el vino por toda la facultad en la tregua de la primavera, se llenarán las terrazas de sonrisas bajo las gafas de sol con los amigos, entre rondas de cerveza fría. Olvida la navidad y el día de año nuevo, porque no tuviste a quien besar en la medianoche: no curan el champán y las uvas los salpullidos de los abrazos que se te denegaron; no curan los regalos la vomitera del recuerdo de mejores fiestas en otros diciembres, en otros eneros. Nadie debería faltarle a nadie.
Regálate horas enteras en el balcón: febrero al fin se pierde con un mal sueño de gota fría por detrás de las nubes. Las cajeras del supermercado se recogerán el pelo por encima de la nuca y te rozarán apenas con los dedos al pagar. A alguien le apetecerá, de repente, tomar helado.
Tal vez se cumpla el deseo de huir en una noche tranquila a un hostal a leer versos a la luz de una vela, tumbado junto a la ventana. Tal vez mañana febrero se largue de una vez por todas con su ejército de comparsas, chirigotas y carnaval bajo cero al mismo tiempo que en la otra parte del mundo deja de oírse el llanto de un niño palestino y cesa también el carrusel de bombas. Tal vez la primavera eche abajo Guantánamo como quien baja la luz de la alcoba. Como quien entreabre una ventana porque la noche es más tibia e invita a la brisa a que custodie el sueño.
Verás mañana los reflejos de un arco iris desde el espejo del pasillo hasta tu frente, en tus pupilas un latido especial, despierto, que regalarás a los hombros desnudos, a los tobillos a estrenar por los pasillos de la universidad aburridos de biblioteca. Mañana amanece marzo por tu persiana como el prólogo de una obra sublime, como un bulevar repleto de colores nuevos con que pintarse el alma y en los que hundir las rodillas. Mañana quedará menos para salir a recolectar las cerezas ateridas de invierno, en una venganza en rojo que cura la palidez en los labios.
Mañana amanecerá marzo, que no te pille triste. Que te pille cómplice porque, al fin y al cabo, acabará desnudándote un poco.

24
Feb
09

Teoremas

<< Aquel bramido llenó la noche.
Por lo tanto el disparo ni se oyó.
No hubo respuesta para Dani.
No hubo perdón>>

Crónica sentimental en rojo – F. G. L.

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Rojas sacó la pistola de la guantera. El arma era elegante y antigua, de su padre, que había recorrido todos los barrios del Progreso cuando los maderos eran otros, cuando tenían ese halo de hombres de rompe y rasga con caspa en las solapas y chulería de carrera franquista, ésos que sintieron haber olvidado la lección en tiempos de Suárez y la palabra Constitución les sonaba a bandolerismo; en aquel tiempo en que dejaron de llegar postales de Montevideo o Buenos Aires. Intuyó un instante en la semioscuridad y la cargó con un soniquete dulce de horror en cuestión de segundos, clinc-clanc. Rojas pensó en su padre, pero el viejo hacía ya un par de años que estaba conectado a una máquina de oxígeno sin decir ni pío, y en seguida dejó de pensar en él. Se concentró con un golpe de corazón y salió del coche sin hacer el menor ruido.

El BMW azul marino había llegado un par de minutos antes. Estaba aparcado algo más lejos del tráiler que camuflaba el coche de Rojas.

Ya tenía ganas de verte, Raúl Pons de los cojones, pensaba Rojas mientras andaba en cuclillas, evitando los retrovisores. Que te crees muy machito con las mujeres pero ahora te vas a enterar, portento. A ver qué vas a hacer cuando en el infierno te tiente un ex-ministro y tú te agaches agarrándote los tobillos, a ver de qué te van a servir los millones y las amenazas, pedazo de maricón. Que no te pongo la bala en el culo porque seguramente te gusta, cabronazo. Y mira que ya deberías haberla palmado por fisuras en los escrúpulos al cuarto de hora de nacer, pero es que en este país ni el diablo cumple con su trabajo a tiempo. Eres un trapo sucio entre sábanas de seda, eres una costra que hay que rascar. Saborea, saborea el aroma de after shave de boutique francesa antes de que pringues de babas el cuello de tu camisa Gaultier.

Rojas dio un pequeño chasquido con la lengua y entornó los ojos mientras decidía por qué lado abordaría el BMW. De haber estado estacionado con otra orientación, Rojas hubiera podido cumplir su deber de una forma más espectacular, más hollywoodiense: asustarlo de golpe, tal vez saltando al capó y reventándole la luna en los ojos, el rostro deshecho de Pons mirando el cañón de la pistola mientras —y de eso estaba seguro Rojas— se meaba en la tapicería de cuero negro. Es que mira que eres inútil, Raúl Pons, que no sabes ni aparcar como Dios manda.

La promesa de unas piernas, ese verano y ese ambiente. Ese tirante del sujetador que se suicida por el hombro. Ese olor y el calor filtrándose por la claraboya. Y la cabeza de Rojas perdida en lo que no es recomendable. Ese ambiente. Ese olor. Maldita sea, sólo con respirar ese calor y esa claridad podría haber alcanzado el orgasmo un crío de quince años. Y Rojas que nota, de las orejas a la entrepierna, que se está metiendo donde no le llaman, que aquí hay alguien que le está engañando. La adrenalina friéndole el cerebro. El sujetador que abandona definitivamente la partida y cae a la moqueta. La lucha con la ropa. El edredón con restos de semen y carmín.

Y después esto no puede seguir así, Mara, que él no es nadie para tenerte atemorizada, que no habrá más hematomas ni escenitas en mitad de la calle. Tú confía en mí, que ése ya no te molesta más. Pero prométeme que vendrás conmigo, prométeme que no vas a dudar. Mírame, Mara, mírame.

Rojas decidió no llamar la atención y cumplir con su cometido, cumplir la parte del trato que había suscrito con el lado más visceral de sí mismo. No quería ser un infeliz, y desde hacía mucho se había dado cuenta de que, en su particular teorema de la felicidad, la equis a despejar era Mara y el camino, el medio necesario, eran unas cuantas balas del nueve largo. Balas que, además, no se desvían ni un milímetro del objetivo cuando atraviesan un cristal.




Perfil

Estoy convencido de que, como dice Kundera, el amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien.
Siento empatía por todos los Scaramouche enfrentados a los Señores de La Tour d'Azyr, también por los Edmundo Dantés que con paciencia aguardan su momento en If.
Crecí enterrando tesoros cada domingo allí donde vivieron mis abuelos la recompensa de una vida corrompida de posguerra. Si los hombres tienen patria, la mía es la pequeña extensión de Mundo que levantaron mis abuelos; si tengo bandera, esta es anaranjada-hoguera por la tarde y negra-humo de Ducados.

Días que se escapan

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Todo es mentira
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