Acabo de ver Salvador y el estómago lo tengo bocabajo. Estaba mucho tiempo detrás de verla y por fin hoy me he decidido.
En ningún caso me ha defraudado, me creo la historia que se cuenta, me creo a Daniel Brühl (Goodbye Lenin!) en el papel del revolucionario anarquista miserablemente ejecutado a garrote vil (para aquellos que no hayan oído hablar de la historia de Puig Antich, la repulsa debe ser mayor incluso a la sorpresa: estamos hablando de algo que sucedió en 1974, hace cuatro días. El Generalísimo de los Ejércitos estaba carlanco pero, en virtud de su sacrosanctitas, seguía siendo el mayor traficante de vidas a este lado del charco, hastiada España repleta de almas descarriadas que había que poner en su sitio como fuera, incluso mediante técnicas medievales). Me creo también a todos los demás actores en el papel de militantes de MIL y a los escogidos para brigadistas político-sociales en su papel de fils de puta.
La película, no sé si sensacionalista o no, consigue impulsar reflexiones a flor de piel y envolver un mensaje de angustia, permite conocer un suceso actual y abominable del que uno no puede sino acomplejarse y, tal vez, sentir la necesidad de saber más sobre qué fuimos para entender a dónde estamos llegando a parar. Y esto último considero que es lo más importante, polémicas sobre la veracidad de la historia que se narra y de configuración del personaje aparte (militantes de MIL y en general muchos de los que vivieron de cerca la agonía de Puig Antich tachan el filme de insulto a la memoria, por hacer de Salvador un buen chico que por culpa de las malas compañías se convierte en un atracador de bancos). Si bien es cierto que la película ‘mitifica’ al personaje dejando un poco de lado aquello por lo que luchaba, el fin meramente político que tanto Salvador Puig Antich como sus colegas del MIL persiguen queda bastante claro: libertad y dignidad en general y emancipación y fortalecimiento de la clase obrera en particular. El ideal: la anarquía.

No entiendo de ninguna manera a quienes promovieron el boicot a la cinta de Manuel Huerga, defensores a ultranza de los valores por los que pugnó MIL, que no admiten el enaltecimiento de la figura de Salvador Puig como persona y como personaje, pues la grandeza que se le otorga hace grandes esos ideales que, si quedan en un segundo plano durante la película, claman después de la misma a duelo por semejante acto de inhumanidad, embargando la conciencia del respetable y convirtiéndose, ahora sí, en protagonistas.
A mí me parece una buena película, también lo ve así la familia Puig Antich. Y es que da igual si uno no capta el mensaje implícito de lo que Daniel Brühl interpreta, lo importante es saber que Salvador Puig Antich fue ejecutado por el régimen franquista, tras ser juzgado por un tribunal militar, en la miserable sala de paquetería de la cárcel Modelo de Barcelona y a manos de los mismos cobardes que soliviantaron la posguerra con persecuciones, juicios sumarios y condenas injustas. Los que torturaron, negaron y acallaron a base de fuerza, sangre sobre más sangre y lágrimas sobre más lágrimas. Lo importante es que hubo entonces gargantas que dijeron no cuando había que decir no. Multitudes enrabietadas exigiendo que las cosas tenían que cambiar. Hombres y mujeres entumecidos en vilo a la espera de una justicia que jamás llegó (ni entonces ni nunca: el tirano habría de ser juzgado por la Memoria y la Historia, no por la Ley y los Derechos). El objetivo queda más que cumplido, pues el artefacto medieval que silenció la voz de Salvador genera, 30 años después, el mismo pesar y, sobre todo, el recuerdo y la repulsa. Las lágrimas renovadas evitarán el olvido.


El Boyero no tiene ni pu
Qué grande eres, Kkkraaak. Veremos a ver en el Día de la Marmota
Felicitaciones por el blog… nuy interesante y muy buenos textos.
Parece un buen film… vere si tengo la oportunidad de verlo.
En cuanto a lo del boicot es bastante claro el motivo, tal como tu dices provoca una “reflexion” y hace aflorar la memoria y un juicio a los acontecimientos de esa epoca. Y por lo tanto el motivo del boicot queda bastante claro.
Felicitaciones nuevamente por el blog y tal como diria Salvador.
Libertad, dignidad y Anarquía.
Salud
La verdá es que sí que me he puesto un poco Boyero con tanto mecreomecreo. Yo qué sé, de un tiempo a esta parte se ha convertido en uno de mis ídolos.
Gracias, punkontento, por el comentario.
Un saludo